EL CONDOMINIO CRISTIANO EVANGELICO

Tuesday 24 January , 2012 | escrito por HoracioGonzalez
discrimination

Hace unos días atrás la palabra discriminación volvió a estar de moda a raíz de una entrevista que fue hecha a una mujer del sector alto de Santiago. El extracto que se mostró de esta dio a entender que la asesora del hogar que trabaja para ella no tiene plenos derecho de circulación por el condominio en el cual trabaja. Luego, cuando se expuso el video completo, se ve que la declaración fue una idea real (que sola no se oye nada bien), pero que se matiza por la entrevista o texto completo.

 

En un país donde el descontento social es cada vez mayor, no es extraño que la declaración de una persona de clase alta pueda causar tal conmoción mediática. Pero si una persona que vive en Maipú dice que no quiere flaites (persona estigmatizada como ladrón por su forma de vestir) cerca de su casa, eso es sentido común. Es extraño ¿no? Porque todos, en algún momento y de alguna forma, discriminamos. Incluso en el hecho de decir “él es cristiano” o “ella no es cristiana”, lo hacemos,  porque esa acción se define por ser “una selección que excluye”. ¿Es en sí mala la discriminación? No lo creo, todos debemos elegir y cada elección es discriminativa. ¿Discriminó Jesús a las personas? No, él siempre invitó. ¿Discriminamos al decir “ellos” y “nosotros”? Claro que sí, incluimos a uno y excluimos a otros y ¿a quién le gusta sentirse dejado fuera? Somos parte de una estructura discriminativa que deja ser parte a algunos, y deja afuera (discrimina) a otros. Vamos por parte.

 

Una percepción que se tiene del cristianismo—y ningún tipo de percepción viene de la nada—es que es una religión del tipo “tú eres parte cuando haces lo que nosotros hacemos”. Obviamente esto no es lo que Jesús quería para su movimiento, pues es algo bastante farisaico—reglas y tradiciones que se deben seguir. Lamentablemente, todo tipo de revolución (por lo que Jesús hizo sí fue una revolución) que se transforma en institución, cae en este juego (por ejemplo, quienes tomaban la bandera de la liberación de los oprimidos en la revolución francesa, luego se convirtieron en los opresores). El movimiento que lidera Jesús comenzó con el cartel de “entren” (ver la parábola de la gran cena, por ejemplo), pero termina hoy con un cartel de “pueden entrar si…”.

 

Hagamos otro alto. Lo que Jesús dice en Mateo 25 es que, quien “pertenece” o “entra” al reino de Dios, es quien da un vaso de agua a quien tiene sed, quien viste a quien está desnudo, etc. Pero nosotros  sacamos las cosas de contexto cuando mostramos que seguir a Jesús son reglas o pasos que cumplir más que una vida que vivir. Jesús nunca rechazó a nadie, fueron algunas personas las que se alejaron de él  (Juan 6:66). Hoy en día, cuando las congregaciones predican que aceptan a todos, lo que comunican en su interior es: “aún no eres parte”. Las personas ni pueden alejarse porque nunca han sentido que son parte y ¿quién desearía participar en un lugar en un lugar así? Podemos hacer dos cosas: o la institución cambia—lo que sería un milagro porque toda institución es discriminativa de por sí—o comenzamos a relacionarnos más con la gente y a abrir la puerta de nuestros hogares para que todos vean a Jesús en cómo vivimos. Esto es lo que dice al respecto una versión de la Biblia que personalmente me gusta mucho:

 

¡Brillen! Mantengan sus casas abiertas, sean generosos con sus vidas. Siendo abiertos con los demás promoverán que la gente sea abierta con Dios, su generoso padre del cielo”.

                                                                                                                                             Mateo 5:16, versión El mensaje

 

¿Cambiaría la percepción de la gente si los comenzáramos a tratar más como si fuera parte del reino de Dios que como si no lo fuera? ¿Hay algo mejor que estar en un lugar que no es el nuestro y sentirse “parte de la familia”? Cuánto cambiaría la percepción de la gente si no se les hiciera sentir como bicho raro—estando en una congregación en las que se hacen cosas que son parte del inventario cristiano-evangélico—, sino como a personas aceptadas, tal cual como Jesús trataba a los rechazados por los círculos religiosos. Si quieren un gran ejemplo de esto, pueden ver cómo Zaqueo fue cambiado por el hecho de ser aceptado por Jesús. Tal vez lo único necesario para el cambio es que todos puedan caminar libres por las veredas del condominio cristiano-evangélico, del cual algunos se sienten propietarios.

 

Por Jonathan Peralta